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Sentirse especial, como todos (relato breve)

Traía el hombro izquierdo tan hecho trizas que me costó cerrar la puerta del taxi. Yo era uno más de los treinta-y-tantos pacientes que ella atendía. No sé por qué me dijo al oído que lo mío era especial, y me prometió que si la obedecía, recobraría la normalidad.

Y así fue como ocho meses después volví a colgarme del brazo como antes, porque el hombro se había curado (como me prometió).

Llame para decírselo, pero me di cuenta por su voz que no recordaba la promesa, creo que le costó ponerme cara. Para ella todos éramos especiales, y en realidad eso era lo importante.



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