La vida es mucho más sencilla de lo que nos pensamos.
A la vida no le pesan nuestras decisiones, no guarda rencor, ira ni rabia contenida. A la vida le importan un bledo nuestros problemas. Para ella no son problemas, solo cauces por donde fluye y transita. Somos nosotros y nosotras quienes les atribuimos la etiqueta de problema. Y cada cual puede elegir lo que quiere que sea.
No pienso alejarme dos centímetros de lo que genera la vida, caminaré en la sencillez y seré testigo de auténticos milagros. ¡Qué misión tan hermosa traer al mundo de los cuerpos y las palabras el pensamiento divino! Nunca imaginé un propósito tan elevado ni tan ilusionante. Aún fracasando cuando todo acabe, el camino habrá sido mejor que haberlo hecho sin intención alguna.
Manifiesto divino


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