Al Oeste

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Dormir y morir para no vivir más en sueños

Dormir sin un teléfono pegado
a la mesita
sin bulos, sin rencor, sin ira
dormir sin el corazón encorvado
muerto de miedo
sin los dolores del falso
arte que empudrece las venas

dormir lejos de los led
de los soniquetes
de los murmullos de las puertas al cerrarse
morir ciego de sueño
y tal vez gozar!

dormir sin encumbrarnos solo porque
pudimos llegar a donde nos convencieron
que no lo haríamos
sin presenciar todos esos torsos desnudos y pintados con los colorines de las banderas
de los países que ya no existen

dormir sin insistencia
pidiendo perdón
dejando de lado los dones y los caprichos
maldiciendo la suerte, desmintiendo el alma
como los locos

dormir sin murmurar canciones de pena porque no aparece nadie
y al otro lado del cuarto
solo nos aguarda la tristeza

dormir incluso:
sobre el barullo de los bares abiertos
para esas bocas pegajosas y sucias
que solo impelen maldiciones

como niños dormir
para no sentirnos sólos
aunque no esté firme el camino
aunque nos duelan los golpes
dormir, solo queremos dormir!

para que esta melancolía se aquiete
como un verso acabado al final de la
última estrofa
y calle el violín al que se le
agotan las cuerdas
y muera el cuerpo al que se le funden
las venas
dormir y no despertar jamás
otro sueño no soportaríamos



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