Salí de un pueblo,
todos hemos salido de un pueblo,
o de una ciudad,
o de una casa miserable en medio de alguna meseta;
un pueblo de esos que crian complejos,
en los que por conocerse todos
nadie conoce la verdad de nadie.
como muchas otras personas
intenté irme lejos,
era como si quedarse
equivaliera a morir más rápido
y sin haber vivido de verdad.
y me fui.
lejos estaban los mismos pueblos
aunque con diferente nombre,
las mismas ciudades
y el mismo tipo de miseria en las casetas;
también las envidias se parecían,
idéntico el miedo a morir sin haber visto nada,
la nostalgia por haber tenido
una vida que creíamos que no
nos correspondía.
vivir aquí y vivir allá era la misma desgracia, y muchos me preguntaban:
¿cómo es vivir allí? y yo
les daba a leer esto
y ellos asentían
y seguro que comprendían lo que era sentirse lejano.
un día me di cuenta de que estaba
de nuevo aquí,
donde siempre con los de siempre,
y me preguntaron:
¿cómo es vivir allá?
y yo les di a leer esto
y ocurrió que se quedaban en silencio
sin comprender nada
porque nunca habían salido.
si hoy tuviera que elegir
entre vivir aquí o allá
les diría que donde vayan
irán sus pueblos, sus ciudades
y sus casetas,
sus envidias, sus tristezas y sus nostalgias,
y el miedo a morir será idéntico,
incluso los rostros de la gente
que se encuentren.
vivir aquí o allá es lo mismo
mientras vayas contigo
y contigo te lleves la misma idea
de lo que debía o no debía ser tu vida.
aunque al menos habrás comparado.


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