Hasta nuestro destino
hemos de mirar cómo pájaros desconocidos
se comen nuestros ojos,
y no quedando ciegos del todo
avanzar por el camino.
la aurora se hace letal
la ceguera perversa
y sin un dios al que recurrir
llegamos al entente de
caminar a nuestro libre albedrío
sin reconocer
que nos duelen los pasos
de nuestra ceguera a solas.
a tal extremo llega nuestra ignorancia.
Aún así la vida avanza:
equivocaciones, cancioncillas y un opaco porvenir
que nos precede antes de habernos
trascendido; a todo no:
alcanza, la vida alcanza.
Alcanza la vida


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