En 1946, en el prólogo a la reedición de Un Mundo Feliz, Aldous Huxley escribió lo siguiente:
Arrepentirse de los errores literarios cometidos hace veinte años, intentar enmendar una obra fallida para darle la perfección que no logró en su primera ejecución, perder los años de la madurez en el intento de corregir los pecados artísticos cometidos y legados por esta persona ajena que fue uno mismo en la juventud, todo ello, sin duda, en vano y futil. Para corregir sus fallos habría que tenido que reescribir el libro.
Lo recoge Pierre Lemaitre en el prólogo de su primera y última novela negra, La gran serpiente ¿Cómo va a ser la primera y la última si ha escrito muchas? Fue la primera que escribió y la última que va publicar, y ha sido —asegura— fiel a los consejos de Huxley, sin realizar apenas correcciones.


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