Al Oeste

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Efervescente

Como de un volcán, del fondo de las profundidades
el magma abriéndose paso,
la parte limitante de una mente cualquiera
celebra que su voz se escucha,
no ve que la vida es un regalo,
un regalo la vida pero el volcán solo quiere fuego;
reproches a tu gusto por los autos lujosos
(los mediocres los conducen gente peligrosa)
su propensión a debilitarte
su delirio por cualquier fracaso
su fascinación por hacer de todo un problema y llevarte al epicentro de todos ellos.

a toda velocidad y en cualquier momento
afloran miedos viscerales
que le recuerdan que es un volcán enfermo
(o solo triste), y que inventa sus fronteras
acá de los orificios, las laderas, las nubecillas,
en cada metro que se aleja del límite
vislumbra la verdad absoluta, pero la obvia,
tiene tanto miedo de sí mismo que siempre retrocede,
al fin y al cabo las fronteras le proporcionan seguridad
y a este lado puede tener bien cuidada su huerta
con el catálogo de catástrofes y dogmas rebosante:
en cualquier momento listos unos tomates racistas,
unos pimientos xenófobos
una lechuga que amarillea de rencor…
no se ha percatado que los volcanes
también saben dormir
y a veces, incluso, para siempre,
pero es un volcán, y no sabe callarse
ni dejar de hacer fuego.





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