Al Oeste

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El viaje que no acaba nunca

Una lluvia fina y el bigote mojado
de un viejo persa observando lo improbable
de lo que no tenía que haber sido
.
era sólo la nostalgia de un árbol caído;
inertizados, infames, lugares redondos
con más fantasmas dentro que fuera,
un rebaño de rumores o jirones
una soledad adquirida a bajo precio
un viaje hacia la inexistencia
.
nuevas pirámides emergieron
rompiendo el silencio que las hizo medrar,
un boliviano que las contempla en soledad piensa:
“esto podríamos haberlo inventado también nosotros”
eran otros tiempos
.
se fuga, el camino empieza donde otros lo dejaron
sueñan a ser hostiles sólo porque
no hay nadie que les gane
ahora que empiezan a ser más viejos,
apenas recuerdo de un tiempo mejor,
resisten mejor las contiendas
de la soledad del transcurrir
de su propia vida
tú, impostor de tí mismo, le dicen,
experimento fallido
lloras frente a una sola postal
que se desbarata, descolorida,
con la imagen de unos jóvenes amigos
en una isla del mediterráneo
haciendo el imbecil
.
así éramos nosotros
responde la versión más joven de ellos mismos,
y así nos veremos ahora
dentro de no muchos años,
y no por ello dejaremos de hacer este viaje
que no acaba nunca.



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