Al Oeste

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Entre cordilleras de ninguna parte

sin nombre ni prisas aparentes
donde los días son diálogo y
dejan de ser conceptos puros:
inteligencia interrumpida
vagos recuerdos
engaño de tontos
ruines soluciones;
con solo echar un vistazo
el autor se contempla henchido en su éxito
aplastado por un impresionante autoretrato
que nadie más que él se cree
;
a los cuerpos sin forma,
al temblor que inhala
y en su magia desparrama
tiempos denostados,
al aroma frío del otoño
que contrasta con los cálidos
colores de su abrigo y el invierno…
al fantasma del invierno que andaba cerca cacareando,
arrastrando los pasos de año tras año
nevada tras nevada,
eran tantas rutinas que le faltaban
para defenecer sus viles presagios…
pero ellos, ellos proseguían cavando el agujero
cerca de su cuerpo
;
nunca fue sencillo vivir despierto,
ni morir en un problema por resolver
ni escupir la sangre muerta
que orinó el cerebro,
ni fue fácil vencer conceptos tan intelectuales
que levantaban muros en el laberinto
del entendimiento
aplastado por las dudas, los ruegos y las lágrimas
;
si piensas no sientes
(concluiste)
y al sentir relegabas los miedosos pensamientos
a un abocado final donde sólo, tú mismo,
sin sufrimiento, sin rencor,
pero sin un horizonte claro
al que reclamarle todos los engaños
que te hicieron sentir que te irías victorioso
de este divagar entre cordilleras
que te conducían a ninguna parte.



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