1. El proyecto siliconiano, gracias al poder de la inteligencia artificial y los robots digitales, explota esa propensión de los individuos — que se remonta a la infancia—a dejarse llevar. A este proceso se le llama infantilización.
2. El Espíritu de Silicon Valley no responde a un proyecto político. Directamente lo trasciende porque el poder y la evanescencia de la computación algorítmica responden y resuenan con ese deseo de disfrutar de la garantía de un mundo mejor organizado y pacificado.
3. Los datos sólo son representaciones gráficas de unos acontecimientos y la industria tecnológica una descomunal factoría de fabricar representaciones. La trampa en la que caen los individuos es la de creerse vivos dentro de esas representaciones ficticias, y en la mayoría de los casos, verse atrapados.
4. El tecnolibertarismo (ejerción de un poder ofensivo y dañino gracias al poder que proporciona la tecnología computacional y los datos) se enraíza en la criminalidad, no en la criminalidad de los oficinistas sino de los hoodies. Produce una generación de empresarios que hacen de la violación de las leyes y las reglas un modo de vida.
5. La cultura económica que ha trascendido al resto de sociedades, impone su ley a los pretendidos innovadores que no son sino mediocres ejecutantes sometidos a su poder y que buscan, sin imaginación creativa, capitalizarla lisa y llanamente.
6. «Queremos hacer del mundo un lugar mejor» es una declaración de intenciones tan vacua como «ama a tu prójimo». Lo peor es que todos lo creen, desde el alcalde del pueblo más miserable que anhela que se fijen en él las startups, hasta ese licenciado con dos doctorados que permite que su vida sea la realidad que proyecta la pantalla de su dispositivo.
Reflexiones en base a la lectura del libro “LA SILICONIZACIÓN DEL MUNDO” de Éric Sadin


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