Fue bueno vaciarse
presentir que no quedaba nada
y darse cuenta de lo inútil que fue todo,
un placer construir con castillos imaginarios
el lugar mágico que creímos
que duraría toda la vida
y estar bajo las ruinas solo
para contemplar una bandera hondeando
que jamás siguió nadie,
fue muy terrible averiguar lo poco de amor
que entra en la categoría: “te quiero”
expresión sin alma
así, dicha a destajo
como si mordisqueara una fruta demasiado madura
que le quema las entrañas y
le descubre fuegos de si mismo que
ni siquiera había imaginado,
es magnífico descubrir
que todas las palabras espetadas no hirieron
ni fueron reproches
(y que de serlo ya se nos perdonaron)
ni que las insinuaciones deshonestas
entrañaban peligro
ni los silencios deshonraran
aunque el tiempo hubiera borrado su belleza
su significado no existiese
y todos, ya lejos, insistan en que había
una forma diferente de imaginar el mundo,
uno se queda en paz consigo mismo
porque un día se vacío
y nadie salió herido,
o al menos inconsciente
aunque nos acusaran:
de ser nobles, valientes, inmaduros
apenas sombras de nuestras buenas intenciones,
y nosotros callados:
¿qué podíamos hacer ya?
Buenas intenciones, nada más


Deja un comentario