Ya todo suena a mentira,
aunque la palabra sea importante y esté limpia;
aunque los sentidos, afilados, digan: sí, aquí estoy, SOY ESTO;
si mirándome a los ojos fijamente,
todo y aún así suena a embuste,
creyéndonos y todo por salvar una relación que envejecería a la deriva
sin llegar a distopía.
Aunque la resistencia ahogue, nos ahogue,
y no haya vida capaz de convencernos,
enroscas tus piernas a las mías pero no me crees;
una argucia, una mentira, duelo, solo duelo,
¿para qué me cedes tu calor y tu comprensión?
Si esto es el final ¿por qué se parece tanto a la rutina?
Cinco o seis, ninguna más,
cinco o seis creencias tirando de nuestras extremidades en sentido opuesto,
no tenemos ni idea de a dónde
nos llevaría cada una de ellas
por separado,
pero es que son indivisibles,
esta es la trampa.
Y ni el viento, y ni el frío,
y ni la soledad extrema,
y ni la veganía, ni la ausencia de,
nos harían zozobrar más allá
de donde hemos zozobrado.
El frío que hiela los huesos, que es como el pánico,
como el hueso sin carne,
como la nostalgia con alguien,
solo un buen incentivo para no hacer nada,
(al menos para calentar las manos)
quedarnos quietos, inmóviles,
quemarnos con nuestra incertidumbre,
morir de pena, de dolor, de certeza.
Todo es incertidumbre, y tú tratando de comprender;
vuelas a parajes prohibidos, luego, tal vez mañana,
retrocedes un poco para contemplar de nuevo el paisaje,
es un horizonte lejano que jamás llegarás a conocer,
como una pieza de bronce deformada
por los martillazos de la sinrazón.
¿A dónde te gustaría llegar? Nunca lo sabrás.
Crees que estás a salvo aferrándote al yunque,
como si el viento y el frío cambiantes
fueran a pasar de largo
y no pudieran arrastrarte;
uno está fuera del otro
en cambio tu vida dentro de la mía,
enraizada a las cinco o seis creencias
que no dejan que te muevas de
este pequeño mundo que nos rodea a ambos:
el mío y el tuyo.
¿Acabar de una vez? ¿Con quién?
Te diría que es imposible
encontrar la solución a un problema
que nos hace ser como somos.
¿Ayuda externa? Viene de fuera, nada mueve,
nada cambia, no es opinable, no es verdadera.
Del mar del norte nos llega un rayo de luz
en el intento de escapar de esta locura
arcoíris que nos sonríen,
celebran nuestra cobardía,
a salvo de todos y de todo.
Estaríamos acabados si cedemos,
la vida debe contemplarse de otra forma:
presentir que no estamos solas
aunque vayamos a quedarnos solas.
Los cinco sentidos


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