Vemos lo que nos gustaría soñar:
fantasmas, inquisiciones
o deseos insatisfechos en fondo y forma diversa;
siempre decidimos,
siempre hemos decidido,
se llama libre albedrío.
Es imposible dejar de honrar
lo que alimentas y construyes con tanto esfuerzo y pundonor,
nace-sale-pervive en lo más hondo de tu mente
y tus entrañas,
no es posible desprenderse de ello,
resurgirá hoy en la forma
que le hayas querido dar:
respetable-abominable,ante nuestros ojos,
queriendo o sin querer,
como pensaste que sería más convincente para ti mismo.
Lo crees. No tienes otro remedio.
Te preguntas sufriendo si es la luna o es el sol;
capaz ellas mismas te respondan:
¿decidiste noche ó día? ¿luz u oscuridad?
¿rencor ó sosiego? Parece fácil. Es fácil.
Insiste: TÚ DECIDES. ¿Deberías?
A tiempo-a tiempo-a tiempo para decidir
cual sería el mejor signo para este día que comienza,
en el que crees, en el que depositar tu destino;
y esa es tu fuerza,
que tengas algo que ver no es una desgracia,
los unos te enseñarán álgebra,
las otras, solo montañas,
pero nunca las dos al mismo tiempo,
un único camino es posible,
afín a tus deseos.
¿Cómo es posible -te preguntas- que tus deseos
tengan tanto poder?
Estás asustada. Es fácil sentir rencor.
Es fácil sucumbir a la tentación.
Y la hoguera que ves allá arriba,
posada en una chimenea (química, humana, sucia),
no lo puedes creer
pero tanto podría ser la llama que alumbra tu destino
como la que quema y deshonra tu alma.
Y las líneas en el cielo (tal vez hermosas, tal vez tristes)
quizá aviones que te podrían sacar del infierno
o tan sólo piezas de metal jodiendo tu mundo.
¿Cómo te gustaría que fuera el mundo que ves,
que experimentas, que te oprime o que te expande?
He aquí tu primer dilema, la raíz de tu felicidad
y tus desdichas: no sabes elegir lo que te conviene,
el mundo, con sus respuestas fieles a tus deseos y pensamientos,
es ofensivamente feo y perverso, y eso nos da pistas,
¿es necesario, es obligatorio, es nuestro destino?
¡Oh dios! ¿Qué elegimos?
Luna o sol


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