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Cristales rotos

¿Qué te ocurrió, donde te perdiste?
No es ninguna ofensa este reproche
pero te has ofendido;
me dijiste que te gustaba
sin ni siguiera haberlo probado.
¿Temes que se evidencie
lo que más aborreces?
¿Acaso no mediste los riesgos?
Ahora…:


Ahora tienes que cargar con la cosecha de la incoherencia,
padecer la fuga de poder de la inconsistencia,
ahora, porque hoy ya es tarde;
ahora, ahora, ahora; mírate:
te golpea la vergüenza de hacer
lo que dijiste que no harías,
pensaste, complaciente, que con dar la razón saldrías ganando
que no tenia consecuencias.
Por eso te dejaste llevar,
por eso cogiste el atajo.

Un pensamiento triste,
barriobajero,
que solo les agradaba a ellos.

Las fallas a ellas, te fallas a ti,
con ello nos traicionamos,
el hedor de la desconfianza,
frio helador empañando la madera,
violando la estancia que fue segura,
colándose por los cristales resquebrajados,
ya no podemos juntarnos,
ya no hay calor en nuestros cuerpos,
somos desconfiados,
tremendamente inútiles para la vida.
Todo por no ser coherente,
todo esto por atajar
solo por aparentar
solo para ganar adeptos,
para destacar,
para llenar el hueco de tu complejo
de inferioridad,
todo para sentirte apreciada,
por inercia,
para creerte importante.

Un cristal roto
imposible de arreglar.





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