Fantasma o salvedad, liberan tierras
fraguan verdades, Olimpo sagrado,
el murmullo de un río o regato cercano:
espléndida colisión de mundos opuestos;
los gendarmes desarmados pululan por
angostos valles;
salivo de placer, me toco los genitales
¿para qué les sirvió morir a ellos?
¿por qué huyeron tan deprisa?
¿era el hambre; el miedo a morir de frío;
la extrema soledad que aloja
un cuerpo vacío sin
otra esperanza que pervivir?
Estos valles rugen de miedo,
como náufragos los extranjeros baten
sus alas,
—ahora es todo para ellos—:
el
sol
la
clorofila
los
hongos
la
piedra caliza.
¿Quién se acuerda de los canteros,
que hacían las carreteras
pegando con su sangre cada piedrecilla;
dejando la lengua en remojo,
mordiendo, rumiando, en silencio,
la mala suerte con la que la vida
les hizo inocentes?
Ya no es momento de honrarles,
viejos y olvidados,
no se les reconoce en estos valles,
se perdieron como el rastro que
les podría devolver a ellos mismos:
¿raíces, traición, fracaso,
o solo la vida; ay la vida?
¿Acaso encontraron su sitio?
¿Había en algún lugar un sitio
para todos estos pobres desgraciados?
Vuelta a los orígenes


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