¿Por qué el mundo
le dio tanta importancia
a la brizna de hierba
que acariciamos cuando nos separamos?
¿Cómo os pudo enseñar tanto
la rugosidad inerte de una piedra caliza
que nadie nunca llegó a pisar?
¿Cómo lograron, el lejano sol
y el admirado solitario,
crear y sostener la vida,
ser algo para alguien,
dejar un lugar en el universo
al que nadie osaría jamás acercarse?
¿En qué se basaron las relaciones
a llevarnos tantos años juntos,
y luego permitirnos morir
sin dejar un legado
de arrepentimiento?
Hoy
solo
quiero
emborracharme con el aire
que respiro,
sentir que te quemas
con
la
luz
de un día insípido;
acabado,
y vacío,
como un vagabundo;
aplastado
por el peso
de la oscuridad
durante una noche de insomnio.
Hoy solo quiero deciros
que me siento vivo,
y
que ninguna de mis pretensiones,
deseos,
anhelos,
propósitos,
objetivos,
intenciones,
manifestaciones,
anunciaciones,
quehaceres,
verdades ni mentiras,
sueños,
humillaciones,
frustraciones,
rencor,
amor,
lascivia,
pecado,
honor,
horror,
veneno,
fantasía;
nada sirve
cuando se pierde la vida
con cada
bocanada
que no respiras;
con cada
segundo
que no
ves
a quien tienes enfrente,
con cada
agradecimiento
que no se da
aunque
solo
sea
por
el
hecho
de
estar vivo.
El milagro de estar vivo
y nada más.
Y solo eso lo es todo
y es
bastante.
Un milagro


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