Veo el porvenir, me consuelo pensando
que todo tiene propósito: un sentido;
si nuestra vida careciera de hilo conductor
qué podríamos exigirle y aún más qué decirle
a la versión vieja de uno mismo
cuando yazca ante la certeza del último suspiro:
¿que se hizo lo que se pudo?
¿que no había más remedio?
¿que la efigie sigue y seguirá siempre velada?
toda razón es simplemente una vulgar escapatoria
para no parecer demasiado tontos ni mucho menos
un arsenal de buena voluntad desperdiciada.
desde siempre el paso del tiempo nos hizo sentir terror,
yo me aferro antes a la conclusión
que a la explicatoria,
con creer que hay un progreso en aquello que sea
lo que intento ya me he dado por satisfecho,
el cerebro es suficientemente idiota
para saciarse con algo placentero
por muy inútil que parezca;
la causante de mi desazón se aferra
a esa ilusión mentirosa, nos hacemos hermanas
somos la misma, hay sensación de progreso
mi mente duerme con placidez
el futuro no tiene más remedio
yo ya he sido y sólo esto es suficiente
para ser un valiente infeliz
con la ingenuidad de un fracasado.
siempre, siempre, siempre hay un callejón de en medio
que no sale en los libros de historia
y es el que yo siempre me encuentro,
dicen que es cobarde y a la vez sabio
(¿se puede ser cobarde y sabio?)
dicen que conduce a algún tipo de felicidad
fruto de la satisfacción de conformarse con algo;
en cambio los genios navegan hacia las esquinas,
donde nadie les ve ni vigila,
es probable que con la misma necesidad
de explicarse por qué hacen lo que hacen,
sintiendo que su pedantería progresa en alguna dirección;
ellos y yo, cuando nos encontremos
será imposible que nos reconozcamos,
evitar el conflicto, mirar hacia otro lado,
seguir cada cual añadiendo letras
al cuento de nuestras vidas,
con porvenir o sin porvenir,
huyendo de un final que jamás sintió su progreso.


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